PÉSAJ: LA SERVIDUMBRE A LA ESCLAVITUD

“Y los egipcios, entonces, esclavizaron a los hijos de Israel de manera permanente”
EXODO 1:13

Explicamos anteriormente que la primera fase del cautiverio egipcio no fue lo que normalmente se conoce como “esclavitud”. De hecho en los versículos 11-12 la palabra esclavitud no está mencionada. En esa primera etapa el Faraón demandó de los judíos un tributo, un impuesto laboral: la construcción de las fortificaciones de Pitom y Ra’amses. Más que “esclavitud”, este fue un periodo de “trabajos forzados”. Demandar estos tributos laborales no era poco común. Ni ilegal. Lo que sí era excepcional es que el Faraón expresó explícitamente el propósito de su proceder con los judíos: Debilitarlos. Empobrecerlos. Agotarlos mental y físicamente, para que no se pudieran reproducir más y poco a poco desaparecieran de Egipto.

Pero la Torá dice que el plan del Faraón no funcionó. Los judíos lejos de debilitarse se fortalecieron (nuestros Sabios lo atribuyen al heroísmo, la valentía y el sacrificio de las esposas judías. Ver aquí.

El Faraón entonces puso en marcha la segunda parte de su plan. Ahora, por primera vez, se menciona la esclavitud, definida con la palabra clave “parej”, que significa esclavitud perpetua. Es decir, el sometimiento incondicional e indefinido del esclavo al amo (chattel slavery).

¿ESCLAVOS O PRISIONEROS?

Para comprenderlo mejor, recordemos que en la primera fase, la de los “trabajos forzados”, los judíos tenían que cumplir con la misión asignada: construir los proyectos del Faraón. Los judíos debían obtener por sus medios o pagar por el material de estos proyectos, las piedras, etc. Y podían dedicarse a la construcción personalmente o contratar trabajadores que lo hicieran por ellos.

Una vez terminando el proyecto, podían regresar a sus vidas y a su rutina.

En la segunda etapa, “párej” los judíos no tenían asignado un trabajo específico. Ahora fueron capturados y posiblemente encadenados como esclavos de los egipcios. Su tiempo, las 24 horas de cada día, le correspondía a sus amos. Sus amos disponían totalmente de ellos y determinaban el tipo de trabajo que le querían asignar. Este tipo de servidumbre no era la esclavitud clásica de los sirvientes que se compraban y vendían en el mercado de esclavos. Esta terrible esclavitud estaba reservada para los prisioneros de guerra del bando enemigo, los individuos hacia los cuales se sentía una gran animosidad. Ahora, los judíos ya no eran tratados como “trabajadores” cuya labor había que aprovechar, sino como enemigos de Egipto, a los que había que eliminar.

EL GENOCIDIO

Esta intención del Faraón también se percibe cuando analizamos el contexto en el cual comienza el cautiverio de los judíos. La Torá menciona que al principio el Faraón pretendía frenar la natalidad judía. Ahora, cuando esto falla, el Faraón persigue un objetivo superior: el genocidio de los judíos.

Tal como ocurrió en los campos concentración, la vida de los prisioneros judíos no tenía ningún valor. Ni siquiera un valor laboral. Pensemos en los esclavos africanos que fueron llevados de África a América, Estados Unidos o Brasil en el siglo 18 y 19. Estos esclavos se adquirían a un alto precio. Los amos los explotaban en las plantaciones de algodón o tabaco (¡los hacían trabajar 18 horas por día!) pero también cuidaban de ellos. Si un esclavo se lastimaba o se enfermaba el amo se preocupaba por él y lo hacía ver por un doctor. Esto no lo hacían por compasión sino por conveniencia. Para cuidar de “sus bienes”. En algún sentido, los amos trataban a estos esclavos “tan bien” como trataban a sus animales.

Pero el caso de los prisioneros judíos en Egipto o en Europa era diferente. En los campos de concentración no había enfermerías para atender a los prisioneros enfermos o heridos. El tratamiento hacia estos individuos era mucho peor que el tratamiento a los animales. Cuando se enfermaban se los dejaba morir, o se los mataba. Eran mano de obra absolutamente descartable. Los prisioneros eran tratados con animosidad. Y eran “aprovechados” como mano de obra gratuita para el beneficio de fábricas y empresas hasta que morían de hambre, enfermedad o extenuación. Y luego se los reemplazaba por el siguiente prisionero, que nunca faltaban. Se los sometía deliberadamente a los trabajos más peligrosos e insalubres, como la extracción de lodo del Nilo o el carbón de las minas de Mauthausen, porque el propósito de su trabajo no era el producto del trabajo, sino la solución final.

Continuará…

 

 

 

Fuente:halaja.org

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