Muere Luis Perea, uno de los últimos españoles que sobrevivió al infierno nazi de Mauthausen

Prisioneros del campo de Mauthausen el día de la liberación por los aliados
Prisioneros del campo de Mauthausen el día de la liberación por los aliados

Pasó cuatro años en aquel campo de concentración después de que los alemanes le capturaran colaborando con el ejército francés.

«Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras». Con esa pancarta recibieron el 5 de mayo de 1945 los prisioneros españoles a las fuerzas aliadas que descubrieron el horror del campo de concentración de Mauthausen. Entre ellos estaba Luis Perea Bustos, uno de los últimos supervivientes españoles de aquel infierno, y que este domingo ha fallecido en la localidad de Hendaya a los 96 años.

El preso 3.612 del campo de concentración de Mauthausen había luchado previamente en la Guerra Civil española en el bando republicano, tras lo que se exilió a Francia para evitar las represalias de los vencedores.

Una vez allí, se alistó en el ejército francés para luchar contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial, hasta que fue capturado por los alemanes en junio de 1940, convirtiéndose así en uno de los 9.000 prisioneros españoles en los campos de concentración nazis.

La página web Amical Mauthausen, que trabaja para mantener la memoria viva de las víctimas del nazismo, ha podido informar  que Luis Perea era el penúltimo superviviente de Mauthausen en España. En Francia todavía viven una decena de españoles que salieron de aquel campo.

Luis Perea nació en Socuéllamos (Ciudad Real) el 3 de febrero de 1918 y murió acompañado de su esposa y de su hija, según ha informado a EFE. Pasó cuatro años en el campo, logró sobrevivir y fue liberado por las fuerzas armadas estadounidenses el 5 de mayo de 1945.

Los restos mortales del exprisionero serán incinerados mañana en Biarritz (Francia), por deseo del propio Luis Perea.

 

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Entre 1940 y 1945 alrededor de 7.300 españoles pasaron por este tristemente célebre campo de concentración alemán

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 El 6 de mayo de 1945, un día después de la liberación del campo de concentración de Mauthausen, se tomó una fotografía de su entrada en la que, junto a centenares de presos celebrando el fin de su cautiverio, se puede ver una enorme pancarta que reza «Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras», mientras varias banderas republicanas sustituyen a las de la Alemania nazi.

La presencia de prisioneros españoles en este campo de trabajo nazi es ampliamente conocida. Lo que no es tan conocido es que cuando las tropas estadounidenses pusieron punto y final al atroz régimen que gobernaba Mauthausen, los supervivientes de los alrededor de 7.300 españoles que habían pasado por este lugar entre agosto de 1940 y 1945 lideraban la organización clandestina de los presos del campo.

Tal y como relata un artículo publicado en el blog «Libros en guerra», se trataba de republicanos que habían luchado contra el bando nacional y que tras la finalización de la Guerra Civil española habían sido repudiados por el nuevo régimen franquista, para el que no existían españoles fuera de las fronteras del país. Tras caer en manos del régimen nazi fueron destinados al campo de Mauthausen, destinado a los «enemigos políticos incorregibles del Reich», declaración que equivalía al extermino de sus internos por medio del trabajo forzado y los malos tratos.

La presencia de españoles, identificados con una «S» de «Spanier» en los triángulos de sus uniformes, se hizo notar desde el principio, ya que, según cuenta Ramiro Santisteban, superviviente de Mauthausen, en el libro «Historias de los españoles en la II Guerra Mundial» de Alfonso Domingo. Debido a que ya habían sufrido la Guerra Civil y pasado por la experiencia de los campos de prisioneros franceses, eran capaces de aguantar mejor las penurias a las que les sometían los oficiales de las SS, capaces de causar la muerte por agotamiento en apenas tres meses.

Esta capacidad de resistencia, unida al sentimiento de grupo reinante entre los españoles, les hizo ganarse el respeto de los presos del resto de nacionalidades. Poco a poco, fueron escalando puestos en la organización interna del campo, hasta llegar a mandar en el interior del campo de los presos, cosa que ocurría al final de la guerra. En ese momento, gracias a su buen comportamiento y solidaridad con el resto de internos, los españoles eran apreciados por todas las nacionalidades del campo. Prueba de ello es que Mauthausen ha pasado a la historia como el campo de los españoles.

 

 

Fuente:  ABC

 

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