Israelíes en la frontera con Gaza mantienen la calma y siguen con su vida

El poderío armamentístico de Israel, como esta batería, es fácil de ver a lo largo de la frontera.

Para el septuagenario Dov Hartuv, la frontera de la Franja de Gaza está tan cerca de su casa en el kibutz israelí de Nahal Oz -sólo 800 metros- como lejos parece el año 2000. “Mi mujer y yo fuimos en una visita guiada por un gazatí en 2000”, recuerda con obvia calidez cuando nos vimos en su polvorienta y desolada comunidad, vacía desde la última guerra.

Yo misma recuerdo viajes a Gaza por entonces para visitar el aeropuerto, como también hizo Dov. “Los gazatíes estaban tan orgullosos”, rememora.

¿Piensa Dov que ese tipo de relación podría volver a ser realidad?

“¿Por qué no?”, responde sin dudar. “Es sólo cuestión de querer una forma duradera de convivir”.

“No lo llamaría paz”, agrega este larguilucho israelí de origen sudafricano que lleva 61 años viviendo en la frontera con la Franja y que no abandonó su casa ni siquiera durante lo peor de la violencia. “Se trata de encontrar una forma que permita a la gente vivir sus vidas”.

Los daños en el lado israelí son mínimos comparados con la devastación en Gaza.

La ciudad de Gaza es visible en el horizonte desde Israel.

Pero esta frontera ahora no puede estar más lejos de lo que se puede llamar paz.

Tanques y soldados salieron de Gaza durante el alto el fuego, pero están estacionados a unos pocos kilómetros.

“Podemos estar de vuelta en menos de una hora si todo se desmorona”, dice un soldado israelí mientras se pasea por el amplio descampado por el que los vehículos blindados siguen levantando estruendosas nubes de polvo al pasar.

“Lo más aterrador”

Muchos militares, especialmente los jóvenes reservistas, expresan esperanza de que esta última guerra ya terminó. Los comandantes dicen que el trabajo está hecho.

Israel da por conseguidos sus objetivos.

Los israelíes dicen estar preparados para que sus tanques regresen a Gaza en cualquier momento.

“Sin duda que conseguimos nuestro objetivo”, me asegura el teniente coronel Edam. “Destruimos los túneles que representaban una amenaza estratégica para Israel”.

Los milicianos de Hamas emergieron de uno de esos túneles con desembocadura al borde de Nahal Oz. Cinco soldados murieron en el enfrentamiento.

“Fue lo más aterrador que jamás había visto aquí”, dice Dov mientras camina por su granja, donde cientos de vacas pastan, una extraña imagen de calma bovina en medio de esta última tormenta.

“Nadie puede estar seguro de que no hay más túneles y esto es lo que hace que la gente no regrese”, explica Dov. “Las familias con hijos no volverán hasta que estén seguros de que el alto el fuego perdura”.

Algunos de los residentes que quedan también apuntan que algunas de las casas del kibutz fueron dañadas por la guerra.

Pero luego sugieren que es mejor que no lo filmemos, al señalar que es algo mínimo comparado con la devastación que hay al otro lado de la frontera.

La calma de las vacas es un extraño contraste con la tensión de los humanos.

Israel argumenta que las víctimas civiles son culpa de Hamas.

Nahal Oz está tan cerca de la frontera con Gaza que el famoso Domo de Acero, el sistema anticohetes israelí, no es efectivo. Los residentes sólo tienen cinco segundos tras un aviso de alerta roja.

Pero tienen ayuda, como todos los israelíes, por un radar de última tecnología instalado en el sur de Israel.

En hebreo se llama el “Raz”, un radar multimisión (MMR, en inglés). Somos el primer medio internacional que tiene acceso a filmar allí pero con una estricta prohibición de publicar datos clasificados.

Los soldados sacan detallados mapas de Gaza e Israel y muestran cómo se veían las pantallas un día antes del alto el fuego, un denso conjunto de arcos que trazan la trayectoria de los cohetes lanzados hacia Israel y amplios círculos que marcan la cobertura de los aviones no tripulados que constantemente sobrevuelan Gaza.

Víctimas civiles

Es una representación gráfica de lo que son en la actualidad las relaciones entre Israel y Gaza.

Las tropas israelíes está listas para volver a incursionar en Gaza.

Los tanques y soldados están apostados a pocos kilómetros de la frontera.

El radar localiza la ubicación desde la que se lanzan los cohetes y el lugar al que llegan. Esa información se introduce en el Domo de Acero para ayudar a interceptar los siguientes.

También alerta a los ciudadanos israelíes para que se refugien y permite a los comandantes decidir dónde devolver el fuego.

En el muro, se pueden ver cartas escritas por niños israelíes, con dibujos de brillantes soles amarillos, con coloridas flores, que agradecen a los soldados por mantenerlos seguros.

“Muchos en Israel han estado dispuestos a pagar un altísimo precio si eso significaba terminar con el conflicto en Gaza, pero ahora hay una mayoría silenciosa que cree que es mejor parar, incluso si la operación no ha alcanzado sus objetivos”

Ari Shavit, columnista

Pregunto por qué con tan buena información de inteligencia sigue habiendo, según Naciones Unidas, ataques repetidos contra escuelas que sirven de refugio a los miles de desplazados dentro de Gaza.

“No tomamos esas decisiones aquí”, explica un soldado, que recuerda que el Raz es sólo una de las herramientas de las que se sirven las fuerzas armadas israelíes.

Y rápidamente agrega: “Pero está claro que, a veces, los cohetes son disparados desde escuelas, hospitales y otras ubicaciones civiles”.

Una tragedia

La creciente indignación internacional por el cada vez mayor número de muertos civiles en Gaza en parte ha llevado a Israel a lanzar una ofensiva diplomática.

Mientras estábamos en el Raz, el primer ministro, Benjamín Netanyahu, dice en una conferencia de prensa para corresponsales de medios internacionales que “cada víctima civil es una tragedia, una tragedia que Hamas está haciendo”.

“Esta es la primera lección de esta guerra”, comenta el conocido columnista Ari Shavit cuando nos encontramos en el malecón de Tel Aviv. “Debemos encontrar una manera nueva de pelear contra Hamas que no implique tantos civiles muertos”.

En Israel crece la discusión sobre qué tipo de arreglo debería gobernar Gaza.

Hay quienes siguen presionando para que Hamas sea aniquilado de una vez por todas.

Otros, incluidos muchos en la comunidad internacional, quieren que se amplíe el rol de la Autoridad Nacional Palestina y su presidente, Mahmud Abbas.

En Israel, muchos desean que el ejército termine con Hamas de una vez por todas.

“Muchos en Israel han estado dispuestos a pagar un altísimo precio si eso significaba terminar con el conflicto en Gaza, pero ahora hay una mayoría silenciosa que cree que es mejor parar, incluso si la operación no ha alcanzado sus objetivos”, opina Shavit, autor de “Mi tierra prometida”.

Los gazatíes también quieren vidas que valga la pena vivir. Para ellos, eso implica no sólo el final de la guerra, sino terminar con los siete años de bloqueo y que se permita un mayor movimiento de bienes y personas hacia Egipto e Israel.

“La gente no se da cuenta cuán densamente poblada y cuán pobre es Gaza”, resalta Dov Hartuv según nos acercamos al punto más cercano del kibutz que considera seguro.

Tanques en el lado israelí de la frontera con Gaza

Desde allí, con su ventajosa perspecitva, se puede ver en detalle el irregular horizonte a lo largo de toda la Franja.

Permitir a las personas de ambos lados de la frontera vivir sus vidas era un objetivo que solía verse más al alcance que alcanzar un acuerdo de paz. Pero incluso esa calma parece cada vez más difícil.

Fuente: BBC
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