Israel usan tecnología de vacunas contra COVID-19 para combatir el cáncer

Científicos de la Universidad de Tel Aviv utilizan tecnología basada en ARN mensajero (ARNm) similar a la utilizada en la vacuna contra COVID-19 para atacar las células cancerosas y neutralizarlas genéticamente, informó The Jerusalem Post.

“Cuando hablamos por primera vez de tratamientos basados en la tecnología de ARNm hace 12 años, la gente pensaba que era ciencia ficción”, comentó el profesor Dan Peer, vicepresidente de investigación y desarrollo y director del Laboratorio de Nanomedicina de Precisión de la Escuela de Biomedicina e Investigación del Cáncer de la Universidad de Tel Aviv.

Los científicos desarrollaron lo que se conoce como “CRISPR-LNPs”, un sistema de administración basado en nanopartículas lipídicas que ataca las células cancerosas y las destruye mediante manipulación genética. El sistema lleva tecnología de ARNm que codifica para la enzima CRISPR Cas9 y “actúa como tijeras moleculares que cortan el ADN de las células”, explica un comunicado.

La tecnología CRISPR permite a los investigadores alterar las secuencias de ADN y modificar la función de los genes.

“Los genes del cáncer son responsables de la proliferación de las células cancerosas”, explica Peer. “Queremos cortar esos genes, para que dejen de estar activos y destruyan estas células para siempre”.

“El reto es introducir esas “tijeras” en las células adecuadas sin tocar las sanas”, agregó.

Los investigadores colocaron el ARNm dentro de una envoltura grasa conocida como lípido, y lo inyectaron al tumor. Un sistema similar al GPS identifica las células cancerosas, las desbloquea y las destruye.

En este último experimento, el equipo de investigación se centró en dos tipos de cáncer: el glioblastoma, el tipo de cáncer cerebral más agresivo, con una esperanza de vida de 15 meses desde el diagnóstico y una tasa de supervivencia a cinco años de sólo el 3%; y el cáncer de ovario metastásico, una de las principales causas de muerte de mujeres y el cáncer más letal del aparato reproductor femenino.

Se demostró que un único tratamiento con CRISPR-LNPs duplica la esperanza de vida media de ratones con glioblastoma, mejorando su tasa de supervivencia en aproximadamente un 30%. Asimismo, se aumentó la tasa de supervivencia en un modelo de ratones con cáncer de ovario metastásico en un 80 por ciento.

“Este es el primer estudio en el mundo que demuestra que el sistema de edición del genoma CRISPR puede utilizarse para tratar el cáncer en un animal vivo de forma eficaz”, señaló Peer.

“Cabe destacar que esto no es quimioterapia. No hay efectos secundarios, y una célula cancerosa tratada de este modo nunca volverá a activarse. Las tijeras moleculares de Cas9 cortan el ADN de la célula cancerosa, neutralizándola e impidiendo permanentemente su replicación”.

Los hallazgos se publicaron en noviembre de 2020 en la revista revisada por pares Science Advances.

Añadió que la tecnología de edición del genoma CRISPR ha “revolucionado nuestra capacidad de interrumpir, reparar o incluso reemplazar genes de forma personalizada.”

“Las vacunas contra COVID-19 de Pfizer y Moderna son similares, ya que inyectan nanopartículas – “pequeñas perlas llenas de ARNm”, explica el profesor Cyrille Cohen, director del Laboratorio de Inmunoterapia de la Universidad de Bar-Ilan. “Las células se comen esas partículas y “aprenden” a fabricar una proteína viral. Una vez que fabrican la proteína, el cuerpo la detecta como antígeno extraño y crea anticuerpos contra ella. Los anticuerpos y las células T se encuentran con el virus real e impiden que ataque al cuerpo”.

“Hay mucho en común entre los virus y el cáncer desde el punto de vista inmunológico”, añadió. “Una opción es reprogramar el sistema inmune para que reconozca las proteínas asociadas con el cáncer y distinga entre células sanas y tumorales. Así, se podría proporcionar la información genética que codifica estas ‘proteínas cancerígenas’ para que el sistema inmune ataque las células cancerígenas”.

Otra opción es lo que Peer está haciendo en su laboratorio. De hecho, desarrolló un sistema de administración de lípidos que se vendió a BioNTech, la empresa que trabajó con Pfizer para la vacuna contra COVID-19.

Aunque su investigación sobre el cáncer está todavía en sus inicios, Peer indicó que “al demostrar su potencial en el tratamiento de dos cánceres agresivos, la tecnología abre nuevas posibilidades para tratar otros tipos de cáncer, así como enfermedades genéticas raras y enfermedades virales crónicas como el SIDA”.

El equipo de investigación pretende probar la tecnología en enfermedades genéticas, como la distrofia muscular de Duchenne, y espera comenzar los ensayos en humanos en los próximos 18 meses o tres años.

“Creo que en un futuro próximo veremos muchos tratamientos personalizados basados en mensajeros genéticos, tanto para el cáncer como para las enfermedades genéticas”, dijo Peer. “Soy optimista”.