EL SALVADOR: Mari Carmen Aponte: “Nayib Bukele debería pensar que puede haber un cambio en EE.UU. y la próxima administración no será tan pasiva”

La exembajadora de Estados Unidos en El Salvador advierte que ante una presidencia de Joe Biden, los “errores” y abusos de poder en El Salvador no van a ser tan tolerados como lo hace la administración de Donald Trump.

Mari Carmen Aponte dice seguir teniéndole cariño a El Salvador. Por ello, esta diplomática estadounidense, que fungió como embajadora en nuestro país entre 2010 y 2016 (con una pausa entre 2011 y 2012) muestra su preocupación por el estilo de gobierno que se ha instaurado en el país y por la postura pasiva de Washington al respecto.

Sin embargo, advierte que conoce bien a Joe Biden, quien lidera las encuestas a menos de 50 días de las elecciones en EE. UU., y manifiesta que él no será tan pasivo ante excesos en el poder. De esto y más conversó con EDH:

¿Cómo ve el panorama electoral en la recta final de la elección?

Quisiera poder decir que hay apertura entre los votantes, pero desafortunadamente veo una gran polarización. Hay poca gente que no está decidida por quién va a votar. El margen es muy estrecho, un 3-4 % como mucho.

Yo quisiera decir que en esta elección hemos pensado bien por quién votaremos. Pero vemos que las bases están muy sólidas, no se mueven. Lo que hay que hacer para mover esto es un esfuerzo espectacular. Espero que seamos mesurados y pensemos bien por quién votaremos.

¿A qué atribuye la agresividad y polarización de esta elección?

Por lo menos en la comunidad hispana, se siente el ambiente hostil propiciado por el presidente Trump, que insulta y hiere. Eso se refleja en el tratamiento de los no documentados. Lo que oímos hoy, no sé si es verdad o no, es horrible y nunca se ha oído en nuestra historia. No puedo creer que el gobierno esté involucrado en hacer operaciones innecesarias a mujeres.

Esto es horrible y no debe ser, pero es el tipo de cosa que provoca una respuesta emocional, de inconformidad y molestia alrededor de esta elección.

El presidente Trump tiene un estilo que a muchos les gusta, pero yo pienso que socava la democracia. Podríamos llegar a acuerdos sin todo este caos y huracanes emocionales.

¿Comparte entonces que Trump debilita la democracia?

Desafortunadamente lo comparto. Ha hecho una serie de comentarios y acciones innecesarios y hostiles al ambiente de la democracia. Esto que ha salido últimamente, sobre cosas que pudo haber hecho con la pandemia pero le bajó importancia, acusaciones que reveló Robert Woodward, un reportero insignia en Estados Unidos.

Lo que él grabó (a Trump reconociendo que no tomó en serio la gravedad del coronavirus) asusta porque pone al presidente, sabiendo lo difícil y grave que iba a ser esta pandemia, pero no haciendo mucho para controlarlo.

Eso me lleva a la libertad de prensa, que debe poder decir lo que tenga que decir. El ciudadano evaluará la evidencia que presentarán los medios para reforzar sus argumentos, pero lo que trae el señor Woodward es muy contundente y fuerte (ver recuadro 2).

 

¿Había visto antes una agresividad como la de Trump a la prensa?

Lo había visto, pero no tan fuerte. Llamar a la prensa “enemigo del pueblo” no es un ataque leve. Es muy fuerte. La prensa en la democracia es un pilar fundamental, necesitamos de esa prensa y yo debo tener la libertad de decidir qué es verdad y qué es exageración. Que la prensa nos alerte lo que está mal o lo que está pasando es bien importante. No se puede ahogar ni quitarle el aire.

Quienes apoyan a Trump parecen no ver la parte democrática, pues lo consideran efectivo.  ¿Coincide con verlo así?

Yo votaré por el exvicepresidente Biden y trabajo como voluntaria con él, pero entiendo por qué personas que trabajan en el área financiera y la banca sienten que hay dureza de posiciones, que cuando Trump toma una decisión en el área económica, la mantiene. Y ayuda a grandes industrias y da aire y oxígeno para que estas empleen más gente. Yo no tengo discusión y puedo ver cómo la gente llega a esa conclusión.

Pero debe haber un balance: la economía no lo es todo. A mí me gusta ver un balance entre economía, libertad de prensa, que la gente pueda protestar pacíficamente, pero no hablamos de motines, yo no creo en motines y violencia, sino en poder articular su disenso. El presidente Trump no lo tolera bien, y tiene tendencia a tener una mano bastante dura en tratar de aplanar esa posición.

¿Cómo puede esta elección impactar a Latinoamérica?

Para Latinoamérica, creo que vamos a ver más atención, un esfuerzo más grande en acercamientos productivos, no solo en el comercio y finanzas. También en cooperación.

Eso es una gran diferencia. Ahora me parece que la cooperación no es tan importante porque el presidente Trump ve las relaciones como transacciones, y entre países mi experiencia me dice que no necesariamente es así. Hay que tener principios que son la médula: la democracia, la libertad de prensa, la importancia de la oposición leal. Ese tipo de relación y punto de vista espero que el vicepresidente Biden enfatice.

¿Y en cuanto a Centroamérica?

En cuanto a Centroamérica y el Triángulo Norte, la buena noticia es que Biden conoce bien la región, ha estado ahí, conoce a los actores importantes porque ha dialogado con ellos. Ahí veremos una gran diferencia y una amplitud de mente de poder volver al tema del rol de EE. UU. en ayudar al Triángulo Norte para tener mayor calidad de vida para que no tengan los ciudadanos que emprender viajes sin documentos.

¿Y cómo se puede reducir efectivamente esa migración irregular?

Todos queremos lo mejor para nuestras familias y no por eso somos llamados ilegales, si debemos migrar lo haremos ordenadamente. Para reducir la migración irregular en una escala que impacte al país tienes que trabajar en conjunto y mejorar su calidad de vida, seguridad, empleo, capacitación.

Biden conoce bien esta área y sabe lo que pasa en el Triángulo Norte y México. Veremos un gran énfasis en estos países, pero no todo lo que todo el mundo quiera. Se evaluará qué hace cada país, a qué se compromete, cómo medirlo y los resultados, pues sin estos, EE. UU. no va a bombear dinero indefinidamente.

¿Cree que Biden mostrará un mayor compromiso con la promoción de la democracia en el istmo?

Definitivamente. Yo escuché cómo se ha expresado con los presidentes del Triángulo Norte, y ha sido claro y contundente. Era muy claro en resaltar la libertad de prensa, la democracia, la tolerancia a la oposición, ningún atropello y menos a la prensa.
En eso había mucha claridad en lo que decía. Sospecho que él no ha cambiado tanto en 4 años y esos nortes van a volver.

¿Qué opina de la aparente pasividad de Washington ante algunos posibles abusos de poder del presidente Bukele?

Es difícil. Hay algunos abusos que ha cometido, vamos a ser diplomáticos y llamarlos errores, no quiero llamarlo atropello aunque estamos cerca. Creo que el presidente Bukele debe pensar que puede haber un cambio y la próxima administración no será tan pasiva y va a ser más exigente en cómo podemos trabajar juntos, siempre de una forma positiva. He visto con interés que él viaja a Washington, eso es maravilloso, pero creo que en Washington le van a hacer algunas preguntas difíciles y debe estar preparado.

Del bando demócrata, lo han señalado por el 9F, por desobedecer órdenes judiciales y atacar la libertad de prensa. ¿Daría seguimiento a esto Biden?

Yo no hablo por una posible administración Biden, pero hablo con base a lo que conozco de él y su gente alrededor. No hay duda de que lo que se está criticando en el Congreso refleja el pensamiento de Joe Biden. El volumen va a subir si gana las elecciones y a lo mejor sube en términos de presión, aunque no necesariamente al principio, pero sí el volumen de palabras.

La obediencia a decisiones de un tribunal supremo (Sala de lo Constitucional) aquí es sagrada. El respeto a los poderes es bien sagrado. Hacer lo que te dé la gana porque eres presidente no va a ser aceptado en Washington. Incluso para los demócratas que en la Corte Suprema de EE. UU. no tienen mayoría. Esa parte de la estructura del gobierno para Biden ha sido y seguirá siendo importante.

¿Cree que está despertando el bando republicano sobre lo que aquí pasa?

Veo a Mitt Romney, senador de Utah, adquiriendo cada vez más popularidad. Él ha sido muy diplomático pero bastante contundente, y empiezo a ver que especialmente en la política exterior, su moderación tendrá influencia sobre los republicanos. Aún no lo veo tan amplio pero tengo fe que después de la elección nos podamos unir y llegar a un consenso de qué es lo importante para nosotros, cómo tratamos a los países y nuestro rol ante la comunidad mundial. Hasta ahora no ha sido muy bueno.

Habla de política “transaccional”. ¿Cree que en Centroamérica Trump ve un “dando y dando” de detener migrantes a cambio de apoyo incondicional?

Ese no es el estilo debido. La política del vicepresidente Biden en el pasado es de trascendencia, donde lo más importante es la visión a largo plazo, no las transacciones de corto plazo. Queremos parar, por ejemplo, la inmigración indocumentada, pues debemos invertir y ser socios de los países con los que queremos trabajar. Nunca mirando solo al corto plazo. La ironía es que en política parece todo ser de corto plazo, pero lo que más funciona son los proyectos a más largo plazo.

En el tema de la prensa…

Lo que está pasando con El Faro me tiene bien preocupada. Y no solamente con El Faro, lo he visto con otros periódicos, se convierte en personal. Es como decir “si no publicas lo que yo quiero y lo que yo digo que es importante, estás fuera y te perseguiré a ti y la institución”, eso es bien difícil.

¿Cómo se abordaría en una posible presidencia Biden?

En una presidencia de Biden habría comentarios. La política del presidente Trump ha sido casi exclusivamente dirigida a que los países ayuden en la política migratoria…
Exclusivamente.

¿Qué tan efectivos pueden ser esfuerzos de detener la migración si al mismo tiempo se debilita la democracia?

Se le pide a países que hagan cosas que en realidad no tienen la capacidad de hacer. Esa capacidad de mantener a la gente en el mismo país, evitar la migración, no puedes hacerlo a la fuerza. Hay que entrenar a la gente, inspirarla, darle trabajo, hacer una serie de cosas que echen la economía a funcionar. Pedir que no dejen salir a las personas y mantenerlos como dé la gana es cortoplacista, es pedirle peras al olmo. No veo cómo de manera realista se pueda conseguir. Tú puedes hablar y jactarte de lo que exiges, pero por cuánto tiempo y con qué efectividad, y a qué costo.

¿Es posible mejorar las condiciones de vida de las personas sin un compromiso con la democracia?

Me gustaría pensar que no lo puedes hacer de forma sostenida y permanente si no tienes una democracia. A través de la democracia, a lo mejor te tardas más y es más intenso el trabajo, pero totalmente vale la pena. Se me ha acusado de que por ser mujer pienso así, pero soy un ser humano y a largo plazo la inversión en la democracia inspira lealtad en el pueblo de trabajar duro, y si hay alguien que trabaja son los salvadoreños, ¡qué respeto tengo yo por los salvadoreños que tanto laboran! Esto es admirable, pero para poder hacer eso, debes darles aire y opciones válidas y sostenibles.EDH