¿Cómo es ser el hombre más veloz del planeta?

La vida de Usain Bolt, quien cambió el deporte para siempre con sus múltiples récords y medallas olímpicas a través de un desempeño dentro y fuera de las pistas que a nadie deja indiferente.

Usain Bolt Mundiales de atletismoEl jamaiquino ha roto todos los récords y ha ganado cuatro medallas olímpicas en un desempeño que cambió al atletismo para siempre.

Si el jamaiquino Usain Bolt, el hombre más veloz del planeta, dijo o no dijo que los juegos de la Mancomunidad de Naciones que se disputan en Glasgow no le interesaban y todo el revuelo que ha causado, solo demuestra que no es un atleta como los demás.

Desde que ganó las cuatro competencias de velocidad en los Juegos Olímpicos de Pekín en agosto de 2008 y los mundiales de Berlín en 2009, todos con récord mundial incorporado, Bolt es una marca que supera al hombre que lo lleva sobre sus hombros.

Y es una marca que se puede medir en números: un millón de solicitudes para quedarse con alguno de los 80.000 tiquetes disponibles para verlo correr en la final de los 100 metros planos en Londres 2012; ganancias 10 veces superiores a la de sus compañeros de carreras, mientras su patrocinador ya le garantizó un contrato cuando se retire cercano a los US$3 millones, sin contar los US$9 millones que ya la paga mientras destroza cronómetros en las pistas del mundo.

La fama lo rodea con un aura de santo: los grandes campeones de atletismo deben parar su calentamiento para escuchar como el público le canta el “feliz cumpleaños”, y ser interrogado por temas fuera de su ámbito como la crisis en Gaza y la independencia de Escocia.

Y lo mejor es que Bolt parece disfrutarlo. Al contrario de otros grandes atletas como Tiger Woods, la presión mediática saca lo mejor del jamaiquino.

Un ejemplo claro fue lo que hizo en los Juegos Olímpicos de Londres. Previo a la competencia era vencido en cualquier carrera que participaba y muchos lo acusaban de estar fuera de forma para el principal evento deportivo del mundo.

Usain BoltSin embargo, cuando llegó la hora de correr, lo hizo a lo grande: aunque no quebró su récord de 9,56 segundos, si recorrió los 100 metros en un tiempo increíble: 9,64, el segundo tiempo más rápido de la historia para quedarse con la medalla de oro olímpica en la competencia.

Usain Bolt durante los juegos de la Mancomunidad de naciones en Glasgow, Escocia.

Un talento precoz

Fue sin duda, un talento precoz y tal vez empezar tan pronto –a los 15 años- fue un poco precipitado. A esa edad participó en los Mundiales Juveniles de 2002, con muchachos que tenían tres años más y una mayor madurez física.

Pero, a pesar que le dijo a sus padres que iba a renunciar porque no podía con la presión, su victoria en aquella competencia fue el inicio del Bolt que todos conocen: la multitud aclamándolo y él disfrutando ese instante de la victoria.

“Ese es y será el mejor momento de mi vida”, dijo.

En los diez años que siguieron a ese primer título, Bolt se convirtió en el atleta para ver y disfrutar. Por el que valía la pena pagar la boleta antes de que fuera demasiado tarde.

No importa si su presentación no dura más de 10 segundos.

Diferente a otras estrellas olímpicas como Carl Lewis o Michael Johnson, él convirtió lo corto en épico: su juego durante el calentamiento, su teatral forma de saludar la cámara cuando es presentado antes de las carreras por las pantallas de los estadios.

Su pose que convirtió en marca registrada: el brazo izquierdo alzado y su mano derecha sosteniendo su cabeza en una posición de perfecta simetría.

La cercanía con el público: las celebraciones de sus triunfos incluyen autofotos con los fanáticos en las tribunas y firma todos los autógrafos que le solicitan.

Usain BoltCon apenas 15 años, se quedó con la medalla de oro de los 200 metros de los mundiales juveniles de atletismo de 2002.

¿Pero cómo lo maneja realmente en la intimidad? Algunas veces, refugiándose en Londres.

Con lo indiferente que puede llegar a ser la capital de Reino Unido, Bolt puede recorrer las calles en busca de un restaurante de comida china, una de sus favoritas, sin que nadie lo interrumpa en el camino.

Su otro lugar preferido es su casa en Kingston, la capital de Jamaica, que comparte con su hermano Sadiki. Allí logra escapar de la atención de los medios y el público jugando Call of Duty en su PlayStation.

Y si quiere aún más privacidad y libertad, se escapa hacia el norte del país, a Sherwood Content, la ciudad donde creció y aún viven sus padres Jennifer y Wellesley.

Prisionero en su propio cuarto

Pero cuando debe competir, Usain Bolt puede estar prisionero en su propio cuarto. Como le está ocurriendo en la Villa Olímpica de los Juegos de la Mancomunidad de Naciones que se disputan en Glasgow.

Aquí no puede ni ir a la cafetería a comerse un plato de comida. “Eso no es nada nuevo”, admitió a la BBC la jefe de prensa de la delegación de Jamaica, Laurel Smith.

“Él no quiere molestar a nadie. Así que alguien de la delegación mira el menú antes, le dice a Bolt que prefiere, él elige y alguien se lo sube al cuarto”, explicó Smith.

Lo cierto es que es esa prisión es causa de su propia fama. Del hombre que cambió el atletismo en el mundo. Y también, el que lo salvó.

Las victorias de Bolt llegaron después de que los propietarios anteriores de las marcas mundialistas –Justin Gatlin, Marion Jones, Tim Montgomery- resultaran positivos en las pruebas antidoping.

Usain BoltUsain Bolt ha dicho que se retirará en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro de 2016.

Y venció, limpiamente, a rivales que también consumieron sustancias prohibidas como Asafa Powell y Tyson Gay.

Además de sus medallas doradas, el efecto Bolt puede durar para siempre en el atletismo: de acuerdo a un estudio realizado en todas las carreras de 100 metros desde 1888, él ha hecho a sus competidores más veloces.

Sin contar lo que supone su nombre en su propio país. “El impacto de Bolt en el turismo de Jamaica ha sido muy importante, sin contar lo que va a perdurar en el tiempo”, le dijo a la BBC el ministro de Turismo de Jamaica, Wykeham McNeill.

Tal vez sea demasiado para un muchacho de 27 años. Pero en 12 años de competir al máximo nivel, solo ha fallado una vez: una salida en falso en los mundiales de 2011.

De resto nada: ni escándalos sexuales a lo Woods, ni adicciones a las apuestas como Michael Jordan.

Entonces las comparaciones se hacen inevitables con otro hombre que cambió el deporte: Muhammad Alí.

Aunque no tiene el mismo compromiso político del gran boxeador, ha logrado trascender en su deporte atrayendo la atención del mundo como lo hizo Alí en su época. Y lo está haciendo sin crear muchos problemas.

 

Fuente: BBC

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